domingo, 25 de octubre de 2026

Canto de ruiseñores

El ruiseñor de Samaniego no tiene sentido de la oportunidad y lo paga caro.

La humildad del de Iriarte le lleva a aprender siempre.

El del argentino Godofredo Daireaux renuncia a ser maestro de discípulos ineptos.

El ruiseñor de Hartzenbusch no entiende a los poetas campanudos.

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El ruiseñor y el mochuelo


Una noche de mayo,

dentro de un bosque espeso,

donde, según reinaba

la triste oscuridad con el silencio,

parece que tenía

su habitación Morfeo;

cuando todo viviente

disfrutaba de dulce y blando sueño,

pendiente de una rama

un ruiseñor parlero

empezó con sus ayes

a publicar sus dolorosos celos.

 

Después de mil querellas,

que llegaron al cielo,

a cantar empezaba

la antigua historia del infiel Tereo

cuando, sin saber cómo,

un cazador mochuelo

al músico arrebata

entre las corvas uñas prisionero.

 

Jamás Pan con la flauta

igualó sus gorjeos,

ni resonó tan grata

la dulce lira del divino Orfeo;

no obstante, cuando daba

sus últimos lamentos,

los vecinos del bosque

aplaudían su muerte; yo lo creo.

 

Si con sus serenatas

el mismo Farinelo

viniese a despertarme

mientras que que yo dormía en blando lecho,

en lugar de los bravos

diría: ‘caballero, ¡que no viniese

ahora para tal ruiseñor algún mochuelo!’

 

Clori tiene mil gracias

¿Y qué logra con eso?

Hacerse fastidiosa

por no querer usarlas a su tiempo.

Félix María Samaniego

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El ruiseñor y el gorrión


Siguiendo el son del organillo un día,

tomaba el ruiseñor lección de canto,

y a la jaula llegándose entretanto

el gorrión parlero, así decía:

‘¡Cuánto me maravillo

de ver que de ese modo

un pájaro tan diestro

a un discípulo tiene por maestro!

Porque al fin, lo que sabe el organillo

a ti lo debe todo’.

‘A pesar de eso –el ruiseñor replica-,

si él aprendió de mí, yo de él aprendo.

A imitar mis caprichos él se aplica;

yo los voy corrigiendo

con arreglarme el arte que él enseña;

y así pronto verás lo que adelanta

un ruiseñor que con escuela canta’.

 

¿De aprender se desdeña

el literato grave?

Pues más debe estudiar el que más sabe.

Tomás de Iriarte

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El ruiseñor y los gansos

Un ganso se había enriquecido vendiendo plumas, y todos sus hijos seguían con el mismo oficio, enriqueciéndose más y más. Una tarde que, después de comer hasta más no poder, tomaban el fresco, cambiando de vez en cuando graznidos insulsos sobre los negocios del día, oyeron los simpáticos trinos del ruiseñor.

El padre ganso lo llamó y le declaró que, deseoso de proteger el arte, lo que le permitía hacer su gran fortuna, había resuelto ofrecerle el puesto de maestro de música de sus hijos, remunerandalo generosamente con la casa y la comida.

El ruiseñor no necesita mucha casa ni mucha comida; pero, artista impaciente, era tan pobre que aceptó.

Empezaron las lecciones: pero por mucho que hiciera, nunca pudo conseguir de sus discípulos otra cosa que el estridente grito; ‘Juan, Juan’ y desanimado, se retiró diciéndole al padre: ‘Mire. Señor, mejor es renunciar; sus hijos han nacido sólo para ganar plata, no trate de hacer de ellos artistas.

Godofredo Daireaux

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El ruiseñor y la calandria


Poeta campanudo que te pierdes

allá por las fantásticas alturas,

sin que en tu vuelo rápido te acuerdes

de que al pobre lector dejas a oscuras,

a ti con las palabras me dirijo

que el ruiseñor a la calandria dijo:

¿Por qué hasta las nubes te levantas?

¿Quieres que no se entienda lo que Cantas?

Juan Eugenio Hartzenbusch

Imágenes: https://www.blogger.com/blog/post/

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