Canto de ruiseñores
El
ruiseñor de Samaniego no tiene sentido de la oportunidad y lo paga caro.
La
humildad del de Iriarte le lleva a aprender siempre.
El
del argentino Godofredo Daireaux renuncia a ser maestro de discípulos ineptos.
El
ruiseñor de Hartzenbusch no entiende a los poetas campanudos.
.........
El ruiseñor y el mochuelo
Una
noche de mayo,
dentro
de un bosque espeso,
donde,
según reinaba
la
triste oscuridad con el silencio,
parece
que tenía
su
habitación Morfeo;
cuando
todo viviente
disfrutaba
de dulce y blando sueño,
pendiente
de una rama
un
ruiseñor parlero
empezó
con sus ayes
a
publicar sus dolorosos celos.
Después
de mil querellas,
que
llegaron al cielo,
a
cantar empezaba
la
antigua historia del infiel Tereo
cuando,
sin saber cómo,
un
cazador mochuelo
al
músico arrebata
entre
las corvas uñas prisionero.
Jamás
Pan con la flauta
igualó
sus gorjeos,
ni
resonó tan grata
la
dulce lira del divino Orfeo;
no
obstante, cuando daba
sus
últimos lamentos,
los
vecinos del bosque
aplaudían
su muerte; yo lo creo.
Si
con sus serenatas
el
mismo Farinelo
viniese
a despertarme
mientras
que que yo dormía en blando lecho,
en
lugar de los bravos
diría:
‘caballero, ¡que no viniese
ahora
para tal ruiseñor algún mochuelo!’
Clori
tiene mil gracias
¿Y
qué logra con eso?
Hacerse
fastidiosa
por no querer usarlas a su tiempo.
Félix
María Samaniego
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El ruiseñor y el gorrión
Siguiendo
el son del organillo un día,
tomaba
el ruiseñor lección de canto,
y
a la jaula llegándose entretanto
el
gorrión parlero, así decía:
‘¡Cuánto
me maravillo
de
ver que de ese modo
un
pájaro tan diestro
a
un discípulo tiene por maestro!
Porque
al fin, lo que sabe el organillo
a
ti lo debe todo’.
‘A
pesar de eso –el ruiseñor replica-,
si
él aprendió de mí, yo de él aprendo.
A
imitar mis caprichos él se aplica;
yo
los voy corrigiendo
con
arreglarme el arte que él enseña;
y
así pronto verás lo que adelanta
un
ruiseñor que con escuela canta’.
¿De
aprender se desdeña
el
literato grave?
Pues más debe estudiar el que más sabe.
Tomás
de Iriarte
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El ruiseñor y los gansos
Un
ganso se había enriquecido vendiendo plumas, y todos sus hijos seguían con el
mismo oficio, enriqueciéndose más y más. Una tarde que, después de comer hasta
más no poder, tomaban el fresco, cambiando de vez en cuando graznidos insulsos
sobre los negocios del día, oyeron los simpáticos trinos del ruiseñor.
El
padre ganso lo llamó y le declaró que, deseoso de proteger el arte, lo que le
permitía hacer su gran fortuna, había resuelto ofrecerle el puesto de maestro
de música de sus hijos, remunerandalo generosamente con la casa y la comida.
El
ruiseñor no necesita mucha casa ni mucha comida; pero, artista impaciente, era
tan pobre que aceptó.
Empezaron las lecciones: pero por mucho que hiciera, nunca pudo conseguir de sus discípulos otra cosa que el estridente grito; ‘Juan, Juan’ y desanimado, se retiró diciéndole al padre: ‘Mire. Señor, mejor es renunciar; sus hijos han nacido sólo para ganar plata, no trate de hacer de ellos artistas.
Godofredo
Daireaux
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El ruiseñor y la calandria
Poeta
campanudo que te pierdes
allá
por las fantásticas alturas,
sin
que en tu vuelo rápido te acuerdes
de
que al pobre lector dejas a oscuras,
a
ti con las palabras me dirijo
que
el ruiseñor a la calandria dijo:
¿Por
qué hasta las nubes te levantas?
¿Quieres que no se entienda lo que Cantas?
Juan Eugenio Hartzenbusch
Imágenes: https://www.blogger.com/blog/post/




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